2 de abril: que el sistema esté a la altura de las personas
En el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, una pregunta: ¿de verdad estamos incluyendo? Hablar de autismo es hablar de personas, de familias y de derechos.
El 2 de abril no es solo una fecha para visibilizar. Es una oportunidad para preguntarnos si de verdad estamos incluyendo.
Mirar distinto
El autismo no es una enfermedad. Es una forma distinta de percibir, sentir y vincularse con el mundo. Y cada persona es única. Por eso, no hay una sola forma de acompañar.
Lo que muchas veces no se ve
Para muchas personas autistas, ir a una consulta de salud puede ser difícil. Los ruidos, las luces, la espera, la forma en que hablamos… todo influye. Y cuando el sistema no se adapta, termina excluyendo.
Lo que estamos construyendo
Desde el Ministerio de Salud Pública venimos trabajando en un abordaje integral del autismo, articulando equipos y tratando de cambiar algo que durante mucho tiempo se naturalizó: que haya personas que no puedan acceder a la salud como deberían.
Esto no lo hace un área sola. Lo construimos de forma transversal entre los programas, trabajando junto a usuarias y usuarios, pensando la salud de forma más humana, más cercana y más accesible. Porque nadie puede dar respuesta en soledad cuando lo que está en juego es el derecho a la salud.
Salud bucal: poner el cuerpo y escuchar
En salud bucal lo vemos todos los días: muchas veces el problema no es la boca… es el acceso. Niñas, niños y personas adultas que no pueden sostener una consulta. Familias que van de un lado a otro sin respuesta. Situaciones que se postergan… hasta que aparece el dolor.
Cuando no hay condiciones adecuadas, la consulta no sucede. Y cuando no sucede, aparece el dolor, la frustración, el cansancio de las familias. Y cuando llegamos tarde, todo es más difícil.
Cambiar la forma de atender
Por eso estamos empujando cambios concretos en la forma de atender, en la formación de los equipos y en cómo pensamos el acceso, en el marco del Plan de Acción Nacional:
- consultorios más amigables;
- equipos que entienden y acompañan;
- tiempos de atención distintos;
- estrategias como la sedoanalgesia, para evitar el sufrimiento.
Pero también algo igual de importante: formar a familias y cuidadores para acompañar el cuidado cotidiano. Porque una sonrisa también es bienestar, alimentación, comunicación… calidad de vida.
No se trata de que las personas se adapten al sistema. Se trata de que el sistema esté a la altura de las personas.
Falta mucho. Pero hay un rumbo claro. Ese es el camino. Y es un compromiso.
Una salud más humana, más accesible y más justa para todas y todos.