Nunca más esconder el amor
Durante muchos años, amar también fue esconderme. Un recorrido sobre sanar, sobre Rodrigo y sobre por qué se marcha.
Durante muchos años, pensar en enamorarme —o siquiera intentar hacerlo— terminaba siempre en un llanto profundo.
Hace poco, viendo una serie con una historia parecida, algo me hizo volver a ese lugar. Y entonces me di cuenta de algo: hacía muchos años que ya no lloraba así.
Y entendí por qué.
Conocer a Rodrigo, formar una familia juntos, proyectar nuestras vidas, amar y sentirme amado fue también sanar. Fue cura para muchas heridas que durante demasiado tiempo cargué conmigo.
Pero no porque alguien viniera a salvarme.
Fue porque Rodrigo me acompañó a ser libre.
Libre de prejuicios.
Libre de vergüenzas.
Libre de culpas.
Libre de mandatos.
Libre, incluso, de personas que alguna vez me hicieron creer que había algo de mí que debía esconder.
Y en esa libertad pude encontrarme con una de mis mejores versiones: con mi yo libre.
Hoy se marcha.
Se marcha porque los derechos se defienden.
Se marcha porque las luchas que conquistaron libertades se sostienen.
Se marcha porque todavía hay quienes necesitan poder vivir, amar y formar una familia sin miedo, sin culpa y sin esconderse.
Nunca el amor puede ser vergüenza.
El amor es libertad.
Sobre ese niño que alguna vez creyó que debía esconder una parte de sí, escribí también en mi columna del Día del Orgullo.