Priorizar la infancia es priorizar el futuro
Una Rendición de Cuentas no es solamente un ejercicio presupuestal. Es, sobre todo, una declaración de prioridades.
Una Rendición de Cuentas no es solamente un ejercicio presupuestal. Es, sobre todo, una declaración de prioridades. Y en un contexto económico que exige administrar con responsabilidad cada peso del Estado, la decisión del presidente Yamandú Orsi y de su gabinete de colocar a la primera infancia, la infancia y la adolescencia en el centro de las políticas públicas constituye una definición política de enorme relevancia.
La creación de la Asignación Única para la Infancia y la Adolescencia, que unifica las distintas transferencias en un único sistema más simple, más eficiente y con mayor impacto, demuestra que es posible mejorar las políticas públicas sin perder de vista la sostenibilidad de las finanzas del país.
Administrar mejor también es una forma de ampliar derechos.
Esta medida dialoga con el trabajo impulsado por la ministra Cristina Lustemberg a través de la Ley de Garantías para la Primera Infancia, Infancia y Adolescencia, que propone una mirada integral para asegurar salud, educación, cuidados, protección y desarrollo desde los primeros años de vida. Porque combatir la pobreza infantil requiere políticas coordinadas y sostenidas, no respuestas aisladas.
La estimación de una reducción del 25% de la pobreza en niñas y niños de 0 a 3 años refleja el potencial de esta decisión. Pero el verdadero valor de esta Rendición de Cuentas no está solo en ese dato. Está en haber definido que, cuando los recursos son limitados, el primer lugar deben ocuparlo quienes enfrentan las mayores vulnerabilidades.
Porque un país no se mide únicamente por el equilibrio de sus cuentas. También se mide por la capacidad de poner a su infancia en el centro de las decisiones y de construir, desde allí, un futuro con más equidad y más oportunidades para todas y todos.
Para seguir leyendo: Tarjeta roja al trabajo infantil y El tiempo de la infancia no espera.