AGUSTÍNCATALDO IGLESIAS Volver al inicio
MILITANCIA · 7 DE NOVIEMBRE DE 2026

Hoy Argentina marcha

La diversidad vuelve a ganar las calles: con alegría, con música y con abrazos, respondiendo al odio con orgullo.

Ilustración: un arcoíris con los colores del orgullo sobre una multitud de puntos que marcha

Hoy Argentina marcha. Y lo hace en un momento particularmente complejo, no solo para Argentina, sino para el mundo. Un tiempo en el que los discursos de odio avanzan, la violencia parece haberse naturalizado y una parte de la sociedad, por momentos, parece paralizada frente a tanta crueldad.

Pero hoy la diversidad vuelve a ganar las calles. Y lo hace como siempre supimos hacerlo: con alegría, con música, con abrazos, con nuestros cuerpos y nuestras historias. Sin armas, sin violencia, respondiendo al odio con orgullo y a la intolerancia con libertad.

A veces nos preguntan por qué festejamos si todavía tenemos tanto por reclamar. Y quizás ahí esté una de las cosas más hermosas de nuestra historia: aprendimos a transformar el dolor en encuentro, la violencia en resistencia y el miedo en celebración.

Porque festejar no significa que no duela. No significa olvidar a quienes ya no están, las discriminaciones que sufrimos ni los derechos que todavía nos faltan conquistar. Significa que, a pesar de todo, seguimos acá. Que no pudieron quitarnos las ganas de vivir, de amar, de encontrarnos y de ser felices.

Nos encontramos para cuidarnos, para mimarnos, para abrazarnos y para recordarnos que nadie tiene que atravesar la vida en soledad. Y que nuestro orgullo no nació de la ausencia de dolor, sino de la enorme capacidad colectiva de transformarlo en lucha y esperanza.

Hoy Argentina marcha. Y cada abrazo, cada beso, cada bandera y cada sonrisa también son una forma de resistencia.

¡Salú por esta marcha! Llenen las calles de colores, de música, de alegría y de amor. Que el mundo vea que, incluso en los tiempos más oscuros, hay una comunidad que no renuncia a celebrar la vida.

Porque podrán intentar arrebatarnos derechos, podrán sembrar miedo y multiplicar sus discursos de odio. Pero hay algo que nunca van a poder quitarnos: el orgullo de ser quienes somos y la alegría de encontrarnos.

¡Que viva la diversidad! ¡Que viva el orgullo! Y, sobre todo, ¡que viva el amor!

Nuestro orgullo no nació de la ausencia de dolor, sino de la enorme capacidad colectiva de transformarlo en lucha y esperanza.

Agustín
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